domingo, 29 de junio de 2014

El uso ideológico de la telenovela mexicana “Qué pobres tan ricos”

“Qué pobres tan ricos” es una telenovela mexicana reciente. En ella se plantea la relación entre dos familias: una adinerada, con reconocimiento entre las clases altas del país y la otra empobrecida, sin abolengo.



En la historia, la familia de dinero (los “Ruíz Palacios”) queda en ruina a raíz de un fraude que de manera ilícita, le imputan al hijo mayor de la familia. Ante ello, la familia Ruiz Palacios debe mudarse a vivir con la familia “Menchaca” (que vive en pobreza). Mientras esa situación se desarrolla, ambas familias se enfrentarán a una serie de vicisitudes que les hacen repensar el mundo los unos de los otros.

No obstante, hay matices que convendría clarificar. La familia Menchaca no representa la visión “clásica” de la pobreza (por llamarle de algún modo), donde no se tiene nada para comer, ni se cuenta con un techo donde vivir e incluso se practica la mendiguez (que, dicho sea de paso, es una visión que regularmente tienen las personas en México acerca de “la” pobreza). Por el contrario, los Menchaca se ganan el pan “día a día”, trabajando en una fonda que tienen instalada en su misma casa. Los Menchaca no son los pobres “clásicos”, son los pobres neoliberales: que trabajan duramente todos los días sin lograr construir un patrimonio a futuro.



Por otra parte, los Ruiz Palacios representan a la sociedad de “la high” en México: con una fortuna de varias generaciones atrás, dueños de un emporio editorial que genera altas ganancias, propietarios de departamentos en Nueva York, aviones privados y yates, “buenos samaritanos” al ser caritativos en asociaciones cristianas (más por estatus que por buscar la redistribución económica). No obstante, también hay una serie de valores morales que caracterizan a la familia Ruiz Palacios: consumistas desmedidos, inconscientes del prójimo (pues no ven al desposeído como sujeto activo sino como receptáculo de dádivas), engreídos con actitudes “fresas” y de “mirreyes”.



El culebrón mexicano refleja, de entrada, algo sumamente difícil de suceder en la realidad. Apoyándome en Pierre Bourdieu, podría decirse que en el espacio social es de suma improbabilidad la mezcla de una familia rica con una pobre (por ello, recordemos, también el amor tipo “María la del barrio” es igual de surrealista). Pero según la ficción de televisa, eso es posible.

La serie televisiva invoca así ideas construidas sobre “el ser pobre” y “el ser rico”. De tal forma que los pobres resultan aptos para amar, ser bondadosos, comprensivos, buenos católicos, trabajadores, con dignidad, honrados, etc.; mientras los ricos suelen ser avariciosos, poco solidarios, egoístas, interesados, entre otros. Y el drama se resuelve cuando los ricos aprenden el “valor” de la pobreza: se convierten en buenos ciudadanos casi por ósmosis.

El problema no viene “de oquis”, por el contrario hay todo un respaldo de tiempo y espacio para que el contenido de esta telenovela se transmita justamente ahora. País: México, año: 2014. Vivimos tiempos difíciles en la nación, tiempos de desempleo, de ruptura del tejido social, de crisis económica. Tiempos en los cuales el gobierno promueve el emprendurismo como salida de la crisis. Tiempos en que por todos lados se nos bombardea con la idea de que somos responsables de nuestro destino y, por tanto, responsables de nuestro pasado y presente. Tiempos en que “echarle ganas” no es sinónimo de tener un empleo de calidad sino sinónimo de contar con trabajos desregulados, “que te sacan de tu zona de confort” y “te ayudan a ser creativo”. Momentos en los que el capital financiero del extranjero desgarra nuestras tierras y explota nuestros ductos petroleros.

Es por ello que “Qué pobres tan ricos” se vuelve tan conveniente para una lógica neoliberal que se impone casi con sentido mesiánico. Lo peligroso radica en perder de vista esto y asumir que ser pobre (emprendedor, que le echa ganas todos los días echando su trabajo en un costal con amplio agujero) es mejor que ser rico (o, dicho de manera mortal: contar con seguridad patrimonial). Entonces, bajo el estandarte de televisa, ¿usted se considera pobre o rico?

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