Actualmente nos
invade la filosofía del “levántate tú
mismo”, “hazlo por tu propio esfuerzo”,
“sé tu propio jefe”… todas ellas
típicas frases de la ideología neoliberal excesiva. ¿Qué esconden en su conjunto?,
¿por qué se promueve al por mayor el ser emprendedor?
Con el
supuesto auspicio de la creatividad, la innovación y el desarrollo de todo tu
potencial, la ideología emprendedora ha llegado para quedarse por un largo
tiempo (al menos eso parece). La televisión y el gobierno bombardean diciendo
que “lo de hoy” es ser emprendedor. No en balde una de las primeras acciones
del sujeto que ostenta nuestra presidencia hoy por hoy en México decretó la
creación del Instituto Nacional del Emprendedor.
Sucede que
una de las primeras suciedades que el discurso emprendedor tapa (o pretende
tapar), es la de la ausencia de trabajo (protegido, con prestaciones, seguro,
etc.). El trabajo, siendo una actividad básica del ser humano, ocupación que le
permite recrearse y ser creativo (sin ignorar claro está la forma de
explotación que éste adopta en la sociedad capitalista), está en crisis; la
ausencia de empleo es una realidad innegable en México (según la Encuesta
Nacional de Ocupación y Empleo de INEGI, al primer trimestre de 2014 había
cerca de dos millones y medio de personas desocupadas).
El afamado “sí se puede”, además de ser una
herramienta de dominación (no sé si efectiva pero en definitiva ampliamente
difundida como inevitable y deseable salida de los problemas), deviene acompañado
de un uso perverso y desquiciante. Pedirle a la gente que sea empresaria,
emprendedora, ¡sin condiciones óptimas para hacerlo! (eso es casi como exigirle
a una persona lisiada que se levante y camine por voluntad propia o a una ciega
que vea pues no hay límites para emprender). El capitalismo es ese periodo de
la historia en el cual vivimos que se caracteriza primordialmente por la
tensión de dos clases: por un lado, la poseedora de los medios de producción
(burguesía) y la que no posee aquellos y sólo tiene su fuerza de trabajo
(proletaria). No obstante eso, la faceta que hoy por hoy atraviesa el
capitalismo es aún más desgarradora que otras (se caracteriza por mayor polarización
entre ricos y pobres y, por tanto, por una acumulación desmedida de la
riqueza). En este sentido, “emprender” vendiendo chicles, velas aromáticas o
jugos, si bien no dejan de ser trabajos respetables (aunque no dignos por su carácter
de informales), no es, ni podría jamás pretenderse que así fuera, una
equivalencia con los grandes poseedores del capital.
Viéndolo así,
la facciosa “salida” se destapa como trampa, chapuza, mentira. No es entonces
ético promoverla como idea de solución. No vale como una opción (¡ni siquiera
lo es!). Es a caso una de las trampas que el neoliberalismo exacerbado opera
para seguir expandiéndose. Y eso me preocupa en igual importancia que el número
de gente a mí alrededor que cree en la ideología neoliberal del
emprendedurismo. Triste es que en México se promueve incluso a través de los
productos culturales más efectivos para controlar a la población (me refiero a las
telenovelas; no es casualidad que exista una titulada “Qué pobres tan ricos”,
donde un “microchangarro” puede vencerlo todo y unir a la familia, aunado de
una cuasi mágica voluntad religiosa para resolver cualquier tipo de problema y
dificultad del día a día, con el simple hecho de encomendarse al señor de Chalma).
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