jueves, 15 de mayo de 2014

El “sí se puede” como herramienta de dominación

Actualmente nos invade la filosofía del “levántate tú mismo”, “hazlo por tu propio esfuerzo”, “sé tu propio jefe”… todas ellas típicas frases de la ideología neoliberal excesiva. ¿Qué esconden en su conjunto?, ¿por qué se promueve al por mayor el ser emprendedor?

Con el supuesto auspicio de la creatividad, la innovación y el desarrollo de todo tu potencial, la ideología emprendedora ha llegado para quedarse por un largo tiempo (al menos eso parece). La televisión y el gobierno bombardean diciendo que “lo de hoy” es ser emprendedor. No en balde una de las primeras acciones del sujeto que ostenta nuestra presidencia hoy por hoy en México decretó la creación del Instituto Nacional del Emprendedor.

Sucede que una de las primeras suciedades que el discurso emprendedor tapa (o pretende tapar), es la de la ausencia de trabajo (protegido, con prestaciones, seguro, etc.). El trabajo, siendo una actividad básica del ser humano, ocupación que le permite recrearse y ser creativo (sin ignorar claro está la forma de explotación que éste adopta en la sociedad capitalista), está en crisis; la ausencia de empleo es una realidad innegable en México (según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de INEGI, al primer trimestre de 2014 había cerca de dos millones y medio de personas desocupadas).

El afamado “sí se puede”, además de ser una herramienta de dominación (no sé si efectiva pero en definitiva ampliamente difundida como inevitable y deseable salida de los problemas), deviene acompañado de un uso perverso y desquiciante. Pedirle a la gente que sea empresaria, emprendedora, ¡sin condiciones óptimas para hacerlo! (eso es casi como exigirle a una persona lisiada que se levante y camine por voluntad propia o a una ciega que vea pues no hay límites para emprender). El capitalismo es ese periodo de la historia en el cual vivimos que se caracteriza primordialmente por la tensión de dos clases: por un lado, la poseedora de los medios de producción (burguesía) y la que no posee aquellos y sólo tiene su fuerza de trabajo (proletaria). No obstante eso, la faceta que hoy por hoy atraviesa el capitalismo es aún más desgarradora que otras (se caracteriza por mayor polarización entre ricos y pobres y, por tanto, por una acumulación desmedida de la riqueza). En este sentido, “emprender” vendiendo chicles, velas aromáticas o jugos, si bien no dejan de ser trabajos respetables (aunque no dignos por su carácter de informales), no es, ni podría jamás pretenderse que así fuera, una equivalencia con los grandes poseedores del capital.

Viéndolo así, la facciosa “salida” se destapa como trampa, chapuza, mentira. No es entonces ético promoverla como idea de solución. No vale como una opción (¡ni siquiera lo es!). Es a caso una de las trampas que el neoliberalismo exacerbado opera para seguir expandiéndose. Y eso me preocupa en igual importancia que el número de gente a mí alrededor que cree en la ideología neoliberal del emprendedurismo. Triste es que en México se promueve incluso a través de los productos culturales más efectivos para controlar a la población (me refiero a las telenovelas; no es casualidad que exista una titulada “Qué pobres tan ricos”, donde un “microchangarro” puede vencerlo todo y unir a la familia, aunado de una cuasi mágica voluntad religiosa para resolver cualquier tipo de problema y dificultad del día a día, con el simple hecho de encomendarse al señor de Chalma).

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