viernes, 30 de junio de 2017

El amor según Lacan


Cuando alguien enuncia: "me haces falta", está justamente diciendo eso, pues la "falta" es eso que Lacan dijo que definía al amor ("dar lo que no se tiene a quien no lo es"). Por tanto, su papel es HACER la FALTA del otro. De ahí que ese Otro deba representar algo que "falta", pese a que no pueda nunca llegar a serlo. En suma, no hay medias naranjas que completen nada, sino sujetos constituidos precisamente por eso: por su falta.

Así el "problemita" de lo simbólico.



sábado, 12 de noviembre de 2016

Pierre Bourdieu para ahondar en el debate de la corrupción en México


En esta ocasión traigo a colación una cita del sociólogo francés Pierre Bourdieu que viene muy ad hoc ante los tiempos en que el ex-gobernador de Veracruz, Javier Duarte, se ha hecho famoso por los millonarios robos al erario:

"[...] large-scale corruption which causes scandal when it is uncovered because it reveals the gap between professed virtues and real behaviour is simply the extreme case of all the ordinary little 'weaknesses', the flaunting of luxury and the avid acceptance of material or symbolic privileges". Fuente: Acts of Resistance. Against the New Myths of our Time, 1998.


Como bien sugiere la idea de Bourdieu, los más escandalosos casos de corrupción sólo son una exacerbada muestra de la debilidad de un orden, un orden que continúa reproduciéndose aunque ahora se llenen la boca las autoridades mexicanas diciendo que están combatiendo el problema y persiguiendo a Duarte. Deben hacerlo, sin duda ese hombre tiene que responder ante sus faltas morales. No obstante, pretender que ese es el problema, es sólo una desviación del problema real: la conformación del sistema político mismo.

sábado, 29 de agosto de 2015

El dolor de adolecer como adolescente


Escribo esto después de haber estado conviviendo como docente por dos años en un bachillerato público del estado de Puebla. Desde mi concepción, la adolescencia tiene que ver con una etapa de la vida entre la niñez y la juventud-adultez. Configurada a partir de una serie de cambios sociales, biológicos y psíquicos, hace meter en líos de existencia a quien ella atraviesa.
Al ser una etapa de transición, la adolescencia vive con la impronta de no ser ni uno ni otro, de pertenecer y no hacerlo, de querer hacer y sentir no poder conseguirlo. Ello podría caracterizar a esta etapa como sigue: un estado humano en algún lugar entre la niñez que fue y ya no lo es más, y la juventud-adultez que está llegando intempestivamente.
La Real Academia Española enmarca el verbo “adolecer” en los siguientes términos (1) “causar dolencia o enfermedad”, (2) “caer enfermo o padecer alguna enfermedad habitual”, (3) tener o padecer algún defecto” y (4) “compadecerse (sentir lástima)”. Pensemos por unos instantes en lo que socialmente la gente dice acerca de las personas que concurren por esta condición.
El adolescente es visto como anómalo cuando se menciona que está “en la edad de la punzada”, como si las otras etapas de la vida no tuvieran sus propias experiencias delicadas al tiempo que dolorosas, y como si este punto de la vida fuera el único en que una persona pudiera resultar molesta para otras. Se le ve como precoz porque “le salen peleas en el Coliseo”, “pelícanos en la bahía” o, para aquellos que son más francos “pelos en las manos”, aludiendo a la arista sexual del momento,[1] nuevamente como sin en otras estaciones del ciclo de vida esto no pasara.
Entre familias resulta casi una obligación decir cuándo el hijo o hija se encuentran en este momento, como si el deber fechar su inicio fuera signo de determinación del arranque de la crisis que comienza, a lo cual la respuesta “compasiva” de otros no se hace esperar: “ay te entiendo, está en esa etapa difícil”. Instante en que los chicos, varones, abandonan los carritos, las caricaturas y los juguetes de acción para ir hacia otros intereses: la masturbación junto con la experiencia de la primera eyaculación, la música, el interés por vestirse bien, la secreción de fétidos olores corporales, los vellos en la cara, las fiestas, la experimentación expresada en beber alcohol, fumar un cigarrillo y “coger”. Mientras tato para las chicas, mujeres, esta etapa se caracteriza por ir del juego de té, las muñecas, los cuentos de hadas y los unicornios de colores, a la menstruación con sus correspondientes vicisitudes, los novios y lo romántico, el usar tacones y kilos de maquillaje, la necesidad del perfume y los tratamientos capilares, los clichés de la “primera vez”.
Quizás se note una ausencia esencialista entre los sexos, podrá decirse que no se está considerando, por ejemplo, que en ambos casos el vello crece, se viven duelos por la niñez perdida, los cambios de humor/corporales se experimentan, si no por igual, de manera similarmente catastrófica: lo erótico, lo amoroso, etcétera. El sesgo es intencional puesto que toda esta serie de cambios a nivel sociocultural, se subdividen de forma mítica, haciendo parecer que son “propios de unos”, y “propios de otras”, objetivados en las expresiones materiales e ideales que ya se han comentado (el dúo sexual-varón versus el dúo-amor-mujer, entre los más característicos).
Lógicamente somos distintos entre los sexos. El problema aparece cuando, “por ser mujer”, a las chicas se les juzga más por beber alcohol (¿o acaso no hemos escuchado frases como “si en un hombre estar borracho se ve mal, ¡mucho más en una señorita!”?), o cuando los varones, “por ser hombres” no pueden abrazar ni besar a sus compañeros hombres, ni en un sentido o de camaradería, ni en uno experimentación sexual porque “no vaya a ser maricón”. De tal suerte, la lógica social que predomina para tratar al adolescente se complejiza.
Volvamos a las características que, independientemente del sexo al que se pertenezca, se le atribuyen al adolescente. Ente extraño que no da problemas sólo en el seno familiar sino en todo lugar que pise: la escuela, la casa de la abuela, la calle, la iglesia, etcétera. En la institución educativa será pieza del rompecabezas del caos: destruirá puertas de baños y bancas al impregnar en ellas frases catalogadas como “vandálicas” (no es fruto de su necesidad de expresarse, es sinónimo de su ímpetu destructor). Hurgará en lo fangoso de lo sexual cuando se atreve a preguntar sobre algo o cuando, sin más, se toca o se besa con alguien más (no experimenta para aprender, es “caliente” e “indecente”). Gritará y será molesto porque es inquieto y parlanchín en unos casos (no es creativo y curioso por conocer el mundo desde una nueva perspectiva, es “mal educado” y “no sabe más que el desmadre”), o pasivo y sin ganas de hacer nada (no es contemplativo respecto a los cambios que le acaecen, es “holgazán” y poco visionario).
Nótese que seguimos en el terreno de lo figurado, de la serie de atributos que se disfruta de imaginar como propios del adolescente. En todas las concepciones descritas en el párrafo anterior se le esencializa, se le coarta, se le mutila; en la última de ellas puede apreciarse además, un sentido ambiguo, donde el poder de la ideología que le constriñe busca no dejarle una puerta de salida: se le acorrala como toro en fiesta brava.
Estos juicios en su contra serán expresados prácticamente por doquier donde pise el adolescente, con sus asegunes. En ocasiones será tipificado como sucio (por ejemplo, cuando un varón de su edad se encierre largos periodos en el baño, causando un malestar a su familia pues transgrede un espacio y su debida utilización), como malo (pues en el confesionario de la iglesia podría ser juzgado al revelar sus “nuevos” sentimientos), como criminal (pues en la calle se le podrá juzgar por la policía como sospechoso al vestir de forma “rara”).
Mediante los casos que hemos ilustrado, se podría postular que ser adolescente no es tarea fácil. Al igual que a ningún adulto se le enseña a serlo, a ninguna persona se le dan clases para lidiar con los dolores del cambio propios de esta etapa. Hace falta dejar claro una suerte de doble discurso que rodea a la adolescencia: si bien socialmente no se le reconoce como una etapa en sí (porque se les juzga como “niños” algunas veces, como “adultos” en otras), también se reconoce que es la “edad de la punzada”, la de “andar noviando”, o “de loco/loca exagerando emociones”. Quizás esta dualidad en el discurso adulto responda, o bien a una extensión de la ambigüedad “naturalizada” propia del adolescente, o bien a una extensión prolongada del adolecer durante la adultez. Después de todo, si es el adolecente quien “no está bien”, ¿no es posible postular que todos podríamos serlo, siempre que revivimos el fantasma de los mitos duales entre la niñez y la adultez?



[1] Aunque hace falta enfatizar que es en el caso de los varones cuando más se persigue la pulsión sexual… ¿Represión de las “ganas” naturalizadas como masculinas de cara a la opresión hacia las mujeres, quienes aparentemente no se tocan ni se erotizan?

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Qué nos están diciendo los materiales más “likeados” de videoblogs acerca de nuestra cultura cívica?

Hoy me topé con un nuevo videoblogger, un chavo que se presenta a sí mismo como “Caldito de Pollo” (aquí la liga de su canal: https://www.youtube.com/channel/UCdw0Scjspi5wxHj1f6Sj-DA).  Me llamó mucho la atención que el chico se haya dedicado a armar un vídeo denominado “La Ley de Telecomunicaciones en 3 puntos”, donde pretende crear conciencia a la población respecto a las recientes reformas en México y cómo nos afectarán (la frase con la que abre el video me resulta por demás significativa: “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno”). El hecho es ese, pero: ¿qué hay detrás del hecho? Este video fue subido a la red el 14 de julio de este año (es decir, lleva prácticamente cuatro semanas circulando). Al momento registra 112 visitas, 5 likes y 0 dislikes. Sin embargo, no es eso lo que más llama mi atención.

¡No hay un solo comentario de las personas que utilizan YouTube!, ¡no hay uno solo! Y me pregunto, ¿será este un reflejo, a muy pequeña escala, de que hace falta promover y nutrir nuestra cultura de debate? Pongamos esto en perspectiva.

En semanas pasadas se armó un revuelo en redes sociales al correrse la noticia de que dos de los bloggeros más populares en México y América Latina, habían sido estafados por su representante legal. Las cuentas a las que me refiero son  las del popular “Werevertumorro” y “Yuya”.

Si uno busca en YouTube el sufijo “we”, el primer resultado en la lista de posibilidades es “werevertumorro” (esto habla del alto número de búsquedas que este canal ha registrado en la red social de videos más utilizada). Werevertumorro es un canal con material creado por un grupo de jóvenes cuyo objetivo principal es el entretenimiento. “El Werever” registra, al día de hoy, un total de 8,550,127 suscriptores (el canal oficial del gobierno de México está por debajo de los 33,000 suscriptores). Este dato, absurdamente comparado quizás, ¿podría estar hablando acerca de los intereses mediáticos e informativos de las y los mexicanos?, ¿o es a caso innecesario realizar esta observación? De ser así, ¿qué otras preguntas podríamos hacernos para adentrarnos a este fenómeno?
Entre tanto, el canal oficial de la actual presidencia de México (Enrique Peña) no permite realizar comentarios sobre los videos que se publican en su sitio. Por otra parte, el último video subido por Werevertumorro (con fecha del siete de agosto del presente, hace casi una semana) tiene 1,304,460 visitas, 66,112 likes y 3,644 dislikes, aderezado con cerca de 7,500 comentarios). ¿Hablan las cifras por sí mismas?


Imágenes del sitio Werevertumorro y del principal portavoz.


Si bien es cierto que estos datos no terminan con la discusión, me parece que invitan a reflexionar a este respecto. Bien podría argumentarse que el hecho de que la gente comente, no dice nada, ¿no sería entonces necesario revisar “lo que dice la gente” y analizar el contenido de ello para comprender un poco acerca de los elementos que en México tenemos para hablar, discutir, debatir, construir espacio público?

Hablemos del caso de Yuya, joven mexicana cuyo eje temático se centra en los consejos de belleza, manualidades, repostería y otra serie de cosas que podrían ser catalogadas como “dulces” y culturalmente “propios de una chica” (aquí habría que mirar un poco con lentes violetas para no edulcorar falsamente un hecho en apariencia normal). Yuya, otra “joya de la corona” de YouTube, registra al día de hoy 7,446,671 suscripciones. Su último video (subido a la web el ocho de agosto de este año), registra ya 1,270,155 visitas, 67,978 likes y 1,841 dislikes. ¿Qué número de comentarios? 3,259.

La popular "Yuya" en uno de sus videos sobre peinados.


Hace un par de días, quien ocupa (¿usurpa?) hoy la presidencia de México envió un “mensaje a la nación”, cuyo video en YouTube (con fecha del once de agosto pasado), registra 13,950 visitas y, para no desentonar el tono autoritario, no permite ni comentar, ni dar like o dislike. Como diría Kiko del Chavo del 8: “¡Qué cosas!, ¿no?”.

Entiendo perfectamente que la variedad de temas abordados entre los videobloggeros mexicanos es cada día más y más amplia. Quizás estas observaciones constituyen un análisis sin sentido y poco fundamentado. Se me ocurre que podemos ir a un ejemplo un poco más ad hoc.

“El Pulso De La República” es un popular sitio de noticias expresadas con sarcasmo por Chumel Torres, un videoblogger que también busca informar a la población de manera entretenida. Chumel registra casi una décima parte del total de suscriptores de Yuya (745,538 seguidores del pulso en total). El último video del noticiero expresado en tono de mofa, es del lunes pasado (misma fecha en que el equipo peñanietista subió su “mensaje a la nación”). “El pulso”, en su último video, registra al día de hoy un total de 266,782 reproducciones, 26,105 likes, 404 dislikes y 1,508 comentarios.

Chumel Torres en "El Pulso De La República".


¿Es a caso que tenemos una cultura cívica de debate débil? O, por el contrario, ¿manifestamos un hartazgo a las formas tradicionales y autoritarias de no-promoción del debate?, ¿qué pasaría si la presidencia de la República permitiera comentarios, likes y dislikes?, más aún, ¿por qué no los permite? No sé, me parecen preguntas pertinentes en un contexto de democratización permanente. Después de todo, si se habla de transparencia en la rendición de cuentas, ¿por qué no hablar de ella en materia de interacciones sociales en la red de internet?

domingo, 29 de junio de 2014

El uso ideológico de la telenovela mexicana “Qué pobres tan ricos”

“Qué pobres tan ricos” es una telenovela mexicana reciente. En ella se plantea la relación entre dos familias: una adinerada, con reconocimiento entre las clases altas del país y la otra empobrecida, sin abolengo.



En la historia, la familia de dinero (los “Ruíz Palacios”) queda en ruina a raíz de un fraude que de manera ilícita, le imputan al hijo mayor de la familia. Ante ello, la familia Ruiz Palacios debe mudarse a vivir con la familia “Menchaca” (que vive en pobreza). Mientras esa situación se desarrolla, ambas familias se enfrentarán a una serie de vicisitudes que les hacen repensar el mundo los unos de los otros.

No obstante, hay matices que convendría clarificar. La familia Menchaca no representa la visión “clásica” de la pobreza (por llamarle de algún modo), donde no se tiene nada para comer, ni se cuenta con un techo donde vivir e incluso se practica la mendiguez (que, dicho sea de paso, es una visión que regularmente tienen las personas en México acerca de “la” pobreza). Por el contrario, los Menchaca se ganan el pan “día a día”, trabajando en una fonda que tienen instalada en su misma casa. Los Menchaca no son los pobres “clásicos”, son los pobres neoliberales: que trabajan duramente todos los días sin lograr construir un patrimonio a futuro.



Por otra parte, los Ruiz Palacios representan a la sociedad de “la high” en México: con una fortuna de varias generaciones atrás, dueños de un emporio editorial que genera altas ganancias, propietarios de departamentos en Nueva York, aviones privados y yates, “buenos samaritanos” al ser caritativos en asociaciones cristianas (más por estatus que por buscar la redistribución económica). No obstante, también hay una serie de valores morales que caracterizan a la familia Ruiz Palacios: consumistas desmedidos, inconscientes del prójimo (pues no ven al desposeído como sujeto activo sino como receptáculo de dádivas), engreídos con actitudes “fresas” y de “mirreyes”.



El culebrón mexicano refleja, de entrada, algo sumamente difícil de suceder en la realidad. Apoyándome en Pierre Bourdieu, podría decirse que en el espacio social es de suma improbabilidad la mezcla de una familia rica con una pobre (por ello, recordemos, también el amor tipo “María la del barrio” es igual de surrealista). Pero según la ficción de televisa, eso es posible.

La serie televisiva invoca así ideas construidas sobre “el ser pobre” y “el ser rico”. De tal forma que los pobres resultan aptos para amar, ser bondadosos, comprensivos, buenos católicos, trabajadores, con dignidad, honrados, etc.; mientras los ricos suelen ser avariciosos, poco solidarios, egoístas, interesados, entre otros. Y el drama se resuelve cuando los ricos aprenden el “valor” de la pobreza: se convierten en buenos ciudadanos casi por ósmosis.

El problema no viene “de oquis”, por el contrario hay todo un respaldo de tiempo y espacio para que el contenido de esta telenovela se transmita justamente ahora. País: México, año: 2014. Vivimos tiempos difíciles en la nación, tiempos de desempleo, de ruptura del tejido social, de crisis económica. Tiempos en los cuales el gobierno promueve el emprendurismo como salida de la crisis. Tiempos en que por todos lados se nos bombardea con la idea de que somos responsables de nuestro destino y, por tanto, responsables de nuestro pasado y presente. Tiempos en que “echarle ganas” no es sinónimo de tener un empleo de calidad sino sinónimo de contar con trabajos desregulados, “que te sacan de tu zona de confort” y “te ayudan a ser creativo”. Momentos en los que el capital financiero del extranjero desgarra nuestras tierras y explota nuestros ductos petroleros.

Es por ello que “Qué pobres tan ricos” se vuelve tan conveniente para una lógica neoliberal que se impone casi con sentido mesiánico. Lo peligroso radica en perder de vista esto y asumir que ser pobre (emprendedor, que le echa ganas todos los días echando su trabajo en un costal con amplio agujero) es mejor que ser rico (o, dicho de manera mortal: contar con seguridad patrimonial). Entonces, bajo el estandarte de televisa, ¿usted se considera pobre o rico?

jueves, 15 de mayo de 2014

El “sí se puede” como herramienta de dominación

Actualmente nos invade la filosofía del “levántate tú mismo”, “hazlo por tu propio esfuerzo”, “sé tu propio jefe”… todas ellas típicas frases de la ideología neoliberal excesiva. ¿Qué esconden en su conjunto?, ¿por qué se promueve al por mayor el ser emprendedor?

Con el supuesto auspicio de la creatividad, la innovación y el desarrollo de todo tu potencial, la ideología emprendedora ha llegado para quedarse por un largo tiempo (al menos eso parece). La televisión y el gobierno bombardean diciendo que “lo de hoy” es ser emprendedor. No en balde una de las primeras acciones del sujeto que ostenta nuestra presidencia hoy por hoy en México decretó la creación del Instituto Nacional del Emprendedor.

Sucede que una de las primeras suciedades que el discurso emprendedor tapa (o pretende tapar), es la de la ausencia de trabajo (protegido, con prestaciones, seguro, etc.). El trabajo, siendo una actividad básica del ser humano, ocupación que le permite recrearse y ser creativo (sin ignorar claro está la forma de explotación que éste adopta en la sociedad capitalista), está en crisis; la ausencia de empleo es una realidad innegable en México (según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de INEGI, al primer trimestre de 2014 había cerca de dos millones y medio de personas desocupadas).

El afamado “sí se puede”, además de ser una herramienta de dominación (no sé si efectiva pero en definitiva ampliamente difundida como inevitable y deseable salida de los problemas), deviene acompañado de un uso perverso y desquiciante. Pedirle a la gente que sea empresaria, emprendedora, ¡sin condiciones óptimas para hacerlo! (eso es casi como exigirle a una persona lisiada que se levante y camine por voluntad propia o a una ciega que vea pues no hay límites para emprender). El capitalismo es ese periodo de la historia en el cual vivimos que se caracteriza primordialmente por la tensión de dos clases: por un lado, la poseedora de los medios de producción (burguesía) y la que no posee aquellos y sólo tiene su fuerza de trabajo (proletaria). No obstante eso, la faceta que hoy por hoy atraviesa el capitalismo es aún más desgarradora que otras (se caracteriza por mayor polarización entre ricos y pobres y, por tanto, por una acumulación desmedida de la riqueza). En este sentido, “emprender” vendiendo chicles, velas aromáticas o jugos, si bien no dejan de ser trabajos respetables (aunque no dignos por su carácter de informales), no es, ni podría jamás pretenderse que así fuera, una equivalencia con los grandes poseedores del capital.

Viéndolo así, la facciosa “salida” se destapa como trampa, chapuza, mentira. No es entonces ético promoverla como idea de solución. No vale como una opción (¡ni siquiera lo es!). Es a caso una de las trampas que el neoliberalismo exacerbado opera para seguir expandiéndose. Y eso me preocupa en igual importancia que el número de gente a mí alrededor que cree en la ideología neoliberal del emprendedurismo. Triste es que en México se promueve incluso a través de los productos culturales más efectivos para controlar a la población (me refiero a las telenovelas; no es casualidad que exista una titulada “Qué pobres tan ricos”, donde un “microchangarro” puede vencerlo todo y unir a la familia, aunado de una cuasi mágica voluntad religiosa para resolver cualquier tipo de problema y dificultad del día a día, con el simple hecho de encomendarse al señor de Chalma).

domingo, 11 de mayo de 2014

Conchita Wurst y el imaginario [político] de género

La gran triunfadora del Eurovisión 2014 fue Conchita Wurst con el tema “Rise like a phoenix” (“Elévate como un fénix”), con un total de 290 puntos, por encima de Holanda y Suecia (238 y 218 puntos, respectivamente). Personificada por el joven austriaco Thomas Neuwirth, Wurst representa algo más que otro triunfo en estos premios.



Y es que Tom Neuwirth había venido buscando sin éxito posicionarse desde hace varios años en el mundo de la música, tanto en su país como a nivel internacional (en 2012 buscó representar a su país en los Eurovisión de ese año). Nadie habría imaginado que una artista cuyas alegorías de género cuestionan las normas establecidas por el simple hecho de travestirse y accionar desde una identidad diametralmente opuesta a la sexo-establecida, pudiera triunfar en el más importante festival musical del continente europeo.

Habría que preguntarnos, ¿por qué una cantante drag queen ha ganado un certamen Eurovisión? Sin minimizar el evidente talento del austriaco, llama la atención que un jurado y un público galardonen y reconozcan justamente la capacidad de un personaje que centra su presencia escénica entre la androginia y el estigma (una figura feminizada acompañada de una poblada barba de corte masculino).

La actuación de Conchita es un acto político. Las palabras que expresó al ganar, fueron: “Esta noche está dedicada a todos aquellos que creen en el futuro, en la paz y en la libertad. Ustedes saben quiénes son, ¡somos unidad y somos imparables!” (traducción propia). Vale destacar que semanas antes una organización rusa (país donde hoy en día se criminaliza a la diversidad sexual) solicitó que la transmisión de la edición 2014 del Eurovisión fuera prohibida en aquél país por considerarla promotora de la sodomía (ver información al respecto en: http://www.sinembargo.mx/25-01-2014/879737).

Neuwirth ha inventado toda una personalidad para Conchita. Según su sitio oficial (www.conchitawurst.com), él la creó a raíz de la discriminación a la que se enfrentó cuando era adolescente; “La dama barbada” es, según el mismo sitio, “Una declaración por la tolerancia y aceptación, no por las apariencias; se trata del ser humano. ‘Todos deberían vivir sus vidas como cada quien desee, siempre y cuando nadie resulte herido o restringido en su propia manera de vivir’” (traducción propia).

Barbada, de  cabello largo y rasgos faciales finos, llevando un vestido largo dorado, así recibió Conchita Wurst su premio en la edición danesa del Eurovisión 2014. Así, imponiéndose triunfante ante un momento político que convulsiona (y cuya más significativa controversia se ubica en la Rusia de Vladimir Putin), así gana Conchita Wurst, ser humano talentoso y luchador pues a sus 25 años ha conseguido un título impresionante.




Capitalicemos este hecho para seguir luchando contra las políticas fóbicas de Rusia y de todos los rincones del mundo donde cientos de personas viven temor, ultrajes y peligro de ser encarceladas o incluso asesinadas por el simple hecho de vivir su sexualidad a gusto y consciencia propia. Manifestémonos en contra de la exclusión por no hacer parte del imaginario normativo del género, aquél ideal que prácticamente nadie cumple a medida pero que, sin embargo, se nos ha instalado como parámetro (hegemónico, hay que decir) ideal de comportamiento. Después de todo, Europa emite un importante mensaje con este triunfo.